El Antiguo Testamento es el más antiguo escrito histórico en existencia. De hecho es el único documento que nos da detalles del estilo de vida en la antigüedad.

Desde el primer libro de Samuel y a través de 2ª de Crónicas uno halla la historia de Israel, cubriendo cerca de 5 siglos. The Cambridge Ancient History, dice: “Los Israelitas manifiestan ciertamente un gran genio para la construcción histórica, y el Antiguo Testamento representa el más antiguo escrito histórico en existencia”. Wilbur Smith cita al distinguido arqueólogo, Prof. Albright, quien comienza de este modo su ensayo clásico, The Biblical Period:

“La tradición nacional hebrea excede a todas las demás por la claridad con que describe los orígenes tribales y familiares. En Egipto y en Babilonia, en Asiria y en Fenicia, en Grecia y en Roma, buscaremos vanamente algo comparable. No hay nada como Ella en la tradición de los pueblos germánicos. Ni la India ni la China pueden presentar algo similar, puesto que sus más antiguas memorias históricas son depósitos literarios de tradición dinástica distorsionada - sin trazas del cuidador del ganado o campesino - tras el semidios o rey con el cual comienzan sus registros. Ni en los más antiguos escritos hindúes (los Puranas) ni en las primeras historias griegas, existe huella del hecho de que tanto los indoarios como los helenos fueron nómadas en otro tiempo, que emigraron a sus posteriores territorios procedentes del norte. Los Asirios, a decir verdad, recordaron vagamente que sus primeros gobernantes, cuyos nombres ellos mencionan, pero sin detalles en lo referente a sus hechos, moraron en carpas, pero hacía mucho tiempo que se había olvidado de dónde habían venido.”

Contrario a la mayoría de los libros sobre los que se basan las religiones – que consisten más bien en fábulas e historias en lugares imaginarios, la Biblia basa sus narraciones en épocas, lugares, personas y gobiernos verificables. En este sentido, el gran aliado de la Biblia ha sido la arqueología:  más y más, los hallazgos arqueológicos demuestran la veracidad histórica del contenido de la Biblia.

Un ejemplo de esto es Jericó. Mc Dowell escribe:
“Durante las excavaciones de Jericó (1930-1936) Gargstang encontró algo tan sorprendente que una declaración de su hallazgo fue preparada y firmada por él y por otros miembros del equipo. Refriéndose a estos hallazgos, Gargstang dice: “En los que se refiere al hecho principal, entonces, no hay dudas: los muros cayeron hacia fuera tan completamente que los atacantes pudieron encaramarse a ellos y pasar por encima de sus ruinas hasta el interior de la ciudad”.

Dos cosas sorprenden aquí:
#1 la caída de los muros que confirma el relato bíblico; y
#2 que los muros hayan caído hacia fuera, cuando siempre caen (cuando son atacados) hacia adentro. (Es decir, la causa de su caída no fue obra humana).

Uno de los pioneros en utilizar la arqueología para cotejar la Biblia fue Sir William Ramsay. En 1896 publicó su libro "San Pablo el Viajero y el Ciudadano Romano". Éste estaba cargado de evidencias que corroboraban el relato, y por lo tanto la veracidad de la Biblia. Lo especial del caso es que este hombre realizó su expedición con la firme idea de demostrar exactamente lo contrario.

Durante 30 años más, Ramsay publicó libro tras libro probando la veracidad exacta y minuciosa del Nuevo Testamento conforme realizaba sus excavaciones en el lugar de los hechos.
Evidentemente todo esto causó gran confusión y enfado entre los escépticos, quienes habían puesto su esperanza en que él demostraría lo contrario. Hasta la fecha ninguno de los libros de Ramsay ha sido refutado.

Estas son sólo un par de muestras de las innumerables evidencias históricas de la Biblia; de hecho hay libros enteros al respecto. De una cosa podemos estar seguros: la Biblia es históricamente veraz, no una fábula ni leyendas.



   
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