¿Qué onda
con el
enojo?

Respuestas a tus preguntas sobre el enojo.


¿Qué es el enojo?
El diccionario Larousse nos da los siguientes sinónimos: ira, indignación, irritación, furor, desagrado, coraje.
El enojo es una molestia interna que demanda una acción para aliviarla. Dios puso esa capacidad dentro de nosotros con un propósito.

¿Para qué es el enojo?
El enojo sirve por lo menos, para dos cosas:
1. Es un foco de alarma que nos avisa cuando algo anda mal.
2. Es una gasolina que nos ayuda a ser más valientes, dinámicos (y hasta fuertes) de lo que somos normalmente.
El enojo puede ser muy bueno, pero mal canalizado es sumamente dañino.

¿Cuándo es dañino el enojo?
El apóstol San Pablo escribió la siguiente recomendación en la Biblia:
“Si se enojan, no pequen” (Efe.4:26). En otras palabras, que nuestro enojo no nos lleve a hacer algo que lastime o dañe a alguien, incluidos nosotros mismos.
Pablo era un experto en este tema (posiblemente porque él mismo en un tiempo lastimó a mucha gente por su enojo). En sus cartas, él usa 10 palabras para describir el enojo dañino. Éstas son:

• Enemistad u hostilidad. Se refiere a la actitud que rompe relaciones. Es como el “córtalas, córtalas para siempre” que algunos usábamos de niños. Podemos tomar esta actitud de no "existes" aun hacia seres queridos y también Dios.

• Pleitos o Constantes contiendas.

• Envidia o molestia por la prosperidad ajena que nos lleva a tratar de frenarla.

• Iras. La raíz de esta palabra viene de “matar”. Habla del odio que desea destruir a alguien.

• Contiendas. La palabra que Pablo usó en el griego es la misma usada por Aristóteles para indicar a uno que perseguía cargos públicos, pero por medios injustos. Tiene que ver con intriga y sutil menosprecio de otros. Es como un “mira como yo soy mejor que él”, dicho sutilmente.

• Divisiones. Se refiere a sediciones, partidismo.

• Amargura.

• Gritería.

•Maledicencia. Se refiere a tres cosas: insultos, chisme y blasfemia.

•Malicia. Deseo de maldad o lastimar.

Algunas de estas expresiones del enojo son externas y visibles, mientras que otras son internas; pero todas son muy dañinas.

¿Qué consecuencias trae el enojo dañino?
Cuando el enojo se traduce en rechazo, insulto, chisme, menosprecio y cualquier acción semejante de maldad, es obvio que lastimamos a otras personas. Cuando el enojo sólo queda en una expresión interna de odio comenzamos a segregar sustancias químicas que deterioran nuestra salud. En ambos casos el enojo produce cambios negativos en nuestra personalidad y nos sujeta a una ley que gobierna toda la creación de Dios: lo que sembramos, cosechamos, pero en una proporción mucho mayor de la que sembramos. Dañar a otros o desear hacerlo sólo multiplica nuestra propia miseria.

¿Cuándo es productivo el enojo?
Básicamente cuando lo enfocamos a solución de problemas y no al ataque de personas.
En la República Mexicana surgió, en los 90´s, un movimiento armado muy famoso para “ayudar” a los indígenas de la zona chiapaneca a salir del enorme estado de marginación en el que hasta la fecha se encuentran. Este movimiento fue el resultado, sin duda, de enojo. Enojo hacia las personas consideradas como responsables de esta situación: el gobierno mexicano. Hubo una declaratoria formal de guerra y algunas batallas en las que vidas, tanto de indígenas como de soldados, fueron perdidas. Lo que muchos no saben es que gran número de indígenas que se negaron a formar parte del movimiento fueron forzados a dejar sus tierras y bienes, lo que causó más pobreza para esas personas.
Las armas, el sostenimiento y la munición para un ejército son cosa muy cara. (Cada bala de un rifle probablemente cueste lo que un costal de maíz). Los líderes de este ejército probaron su capacidad de conseguir financiamiento y publicidad, además de organizarse eficazmente. ¿No podrían haber dedicado esos maravillosos recursos a crear proyectos educativos y productivos para atacar el problema? Tal vez sí; y tal vez la realidad de esa gente hubiera, en estos años, cambiado significativamente, si hubieran enfocado su enojo al problema y no a las personas.
El enojo hacia los problemas puede ayudarnos a ser determinados, tener coraje, creatividad y perseverancia.

El enojo hacia las personas dice: “Soy solo una víctima. No tengo el control de mi vida. Dependo de lo que tú hagas o dejes de hacer”.
El enojo hacia los problemas dice: “Yo tengo las riendas de mi vida y estoy decidido a usar la libertad y capacidad que Dios me ha dado para cambiar mi vida”.
La mayoría de la gente que ha triunfado, ha sido motivada por el buen enojo.

Por qué tantas veces (muchos de nosotros) escogemos una expresión dañina de enojo?

Puede ser por:
-Cobardía. Por ejemplo una actitud fría o distante puede ser sencillamente temor de hablar con la persona y exponerle en qué nos lastimó. Este temor nos puede conducir a una depresión.

-Soberbia. Los pleitos frecuentemente vienen porque no escuchamos a otros ni estamos dispuestos a ponernos en sus zapatos. La amargura de que no estamos dispuestos a perdonar.

-Falta de confianza en Dios. Tanto la envidia como la venganza son evidencias de que no creemos que Dios pueda ayudarnos ni hacer justicia.

-Falta de confianza en nosotros mismos. El uso de la intriga o del chisme pueden evidenciar una falta de confianza en las habilidades propias, que junto con una falta de confianza en Dios, nos lleva a competir deslealmente
.
-Falta de amor propio. Insultar a otros y el deseo de herirles puede provenir de que no nos queremos a nosotros mismos e inconscientemente deseamos que la otra persona se sienta igual que nosotros.

-Flojera. Encontrar culpables nos “libera” de la responsabilidad de hacer algo y tomar responsabilidad.

-Autoengaño. Para evitar que se descubran nuestras propias faltas, podemos crear divisiones y enfocarnos a atacar a los “enemigos”. O podemos alzar la voz o exagerar o “irnos por la tangente”.

¿Cómo canalizar bien nuestro enojo?
Siguiendo estos pasos muy sencillos:

1. Se honesto contigo mismo(a) y reconoce que estás enojado(a). Muchas veces nos cuesta reconocerlo porque sentimos que al hacerlo nos hacemos vulnerables.

2. Pide ayuda al único que puede darte la capacidad de controlar tus emociones y reacciones: Dios.

3. Pregúntate cuál es la fuente real de tu enojo. He aquí algunas causas:

•Cansancio
muchas veces estamos irritables sencillamente porque estamos cansados

• Enfermedad.

• Afán, estrés o ansiedad.

• Creemos saber por qué otros hacen lo que hacen y eso nos lastima.
Por ejemplo, alguien queda mal con nosotros y creemos que es porque le caemos gordos. Nos lastima “saber” que le caemos gordos a alguien a quien, según nosotros, hemos tratado bien. Si preguntáramos, tal vez nos enteraríamos que la persona tuvo un percance o que sencillamente es informal con todos. Contrario a lo que imaginamos, la mayoría de las veces la gente no nos lastima adrede.

• Alguien hace algo a propósito para perjudicarnos.


• Alguien incumple con su responsabilidad y eso nos perjudica.

• Alguien incumple una expectativa nuestra – que no necesariamente era su responsabilidad, sólo algo que nosotros deseamos.

• Enfrentamos una situación de injusticia, derrota, malentendido, etc. Por ejemplo somos testigos de la desintegración de una familia por malos entendidos y falta de comunicación; somos derrotados vez tras vez por el mismo hábito dañino o estamos en una situación económica con la que no estamos conformes.

• Estamos frustrados.

• Somos egocéntricos. La principal preocupación somos nosotros mismos, conseguir nuestras metas, nuestra realización, nuestra felicidad, etc. Mil cosas estorbarán esto en un mundo tan impredecible como el nuestro. Esto nos llevará a estar constantemente enojados.

4. Piensa cómo resolver el problema y actúa con determinación.
Si el problema es cansancio, toma un día de descanso (o vacaciones si puedes), o sencillamente cancela toda actividad y compromiso que no es realmente importante y usa ese tiempo para relajarte.
Si estás estresado(a), con angustia o ansiedad, necesitas conocer la paz de Dios – rindiéndote a y confiando plenamente en El.
Si te gusta jugar al adivino, tendrás que cambiar eso por preguntarle a las personas por qué hacen lo que hacen.
Si alguien intencionalmente hizo o está haciendo algo para lastimarte y lo sabes sin duda, ó incumple una responsabilidad real hacia ti, puedes seguir esta fórmula: 1.enfréntate a la persona con la idea de hacerla reaccionar; 2. si no es posible o no quiso oírte, lleva a una o dos personas contigo que les conste y enfrenten a la persona; 3. si no funciona, recurre a la autoridad competente con tu queja. Si esto no es posible o no funciona, déjaselo a Dios para que El sea el juez. Pero ten cuidado que en todo este proceso tu enojo no sea contra la persona, sino la situación – si no, tú terminarás siendo igual que la persona que odias.
Si los demás no cumplen tus expectativas, tal vez sea tiempo de bajarte de la nube.
Si lo que te turba es una situación de injusticia, derrota, etc. no pierdas tiempo ni energía en la auto lástima, ni en juzgar a otros; más bien se creativo, haz equipo, ten coraje, actúa.
Si te sientes frustrado, tal vez necesites tomarte un tiempo extra, olvidarte del asunto por un tiempo y dejar que fluyan en ti nuevas ideas y nuevas fuerzas. Recuerda que Roma no se hizo en un día. Y si lo que te frustra es algo no vital, tal vez debas aprender a reírte de ti mismo.
Si te das cuenta que eres egocéntrico, y por la tanto enojón, la solución es muy sencilla – enfócate a ayudar a otros. Con miles de millones de pobres, marginación por doquier, engaño que abunda e ignorancia, así como tremendo sufrimiento, la vida no se puede tratar solamente de nuestras metas y necesidades.

En general es más fácil enfocar el enojo hacia las personas. Cambiar las situaciones demanda pensamiento creativo, paciencia, hacernos vulnerables, compromiso y hasta cooperación - ¡para eso es el enojo! ¿Cómo enfocarás tú, tu enojo?

 

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