¿Por qué me siento como
esclavo
de Dios?

De entre las muchas personas en el mundo que son “de Dios”, podemos reconocer 2 grupos: los que se relacionan con El como esclavos y los que lo hacen como Sus hijos.

Gálatas 4: 4 – 7
4 Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley, 5 para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos. 6 Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo el cual clama <<¡Abba Padre!>>. 7 Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

 


Romanos 8: 15 – 17
15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: <<¡Abba, Padre>>. 16 El espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. 17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

La persona que se relaciona con Dios como esclavo, lo hace con un sentido de obligación, su motivación básica es el temor al castigo divino. Se basa en el esfuerzo propio. Estas personas pueden caer en ser muy orgullosas – ya que realizan más obras para Dios que los demás, basados en sus ideas, fuerzas y emociones; o bien pueden llegar a enojarse con Dios, ya que El no parece recompensar nunca tal esfuerzo y, al contrario, parece cada día exigir más. Estas personas perciben a Dios como duro, lo que los lleva a ser duros con los demás.

Los que han aprendido a relacionarse con Dios como hijos, los hacen con una sincera devoción; motivados por la confianza absoluta en El. Al contrario del otro grupo, éstos basan sus esfuerzos en la gracia, es decir – lo que Dios puede hacer a través de ellos. No hacen obras para Dios; permiten que Dios obre a través de ellos. Están muy concientes que Dios no los trata de acuerdo a lo que merecen, sino de acuerdo a Su misericordia – que es grande – y por lo tanto son osados para con El y profundamente agradecidos. Puesto que perciben a Dios como bueno, tienden a ser muy amorosos.

Yo he experimentado en carne propia ambos caminos. La pregunta es ¿por qué nos hacemos esclavos? Porque pretendemos servir a Dios mediante la Ley.

Romanos 4: 4 – 5
Pero al que trabaja no se le cuenta el salario como un regalo, sino como deuda; 5 pero al que no trabaja, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.

Gálatas 3: 10 – 12
Todos los que dependen de las obras de la Ley están bajo maldición, pues escrito está: <<Maldito sea el que no permanezca en todas las cosas escritas en el libro de la Ley, para cumplirlas>>. 11 Por la Ley nadie se justifica ante Dios es evidente, porque <<el justo por la fe vivirá>> 12 Pero la Ley no procede de la fe, sino que dice: <<El que haga estas cosas vivirá por ellas>>.

¿Para qué dio Dios la Ley?
En el Antiguo Testamento Dios estableció una serie de estatutos de orden moral, religioso y civil para Su pueblo – a éstos se les conoce como La Ley (podemos encontrarlos en los libros de Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio). Cuando pretendemos usar dicha Ley como nuestro medio de relacionarnos con Dios, es que caemos en la actitud de esclavos. Al tratar de relacionarnos con Dios mediante nuestras obras, esas obras se convierten en una deuda y no una gracia. Estaremos siempre en temor y en deuda si así lo hacemos.
La única obra que nos lleva a Dios es la de Jesús al morir por nosotros en la cruz. La única obra que Dios pide de nosotros, es la fe en Su Hijo. Así de simple.

Peor aun que tratar de cumplir la Ley de Dios, es que muchos pretenden relacionarse con El, mediante legalismo (ni siquiera La Ley); es decir leyes inventadas por el hombre mismo. Jesús habló de esto en Mateo 15:8-9 Mateo 15: 8 Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí.    
9 Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.
Si la Ley no nos lleva a Dios, entonces ¿para qué dio Dios la Ley?

 

Fue dada al menos con 3 propósitos:

 

1. Para deleitarnos

Pablo lo expresa así:

Romanos 7:22 pues según el hombre interior, me deleito en la ley
de Dios.

Cuando uno estudia la Ley y la entiende como Jesús la explicó, uno encuentra una verdadera joya. La Ley es perfecta, tiene sentido, es el ideal. La Ley, que es santa y justa, revela la santidad y justicia de Dios. Meditar en ella es un deleite que nos revela aspectos de la perfección de Dios y además nos proporciona un ideal de vida que eleva nuestros valores y estándares.

2. Para mostrarnos el pecado

Romanos 7:7
yo no hubiera llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por medio de la ley; porque yo no hubiera sabido lo que es la codicia, si la ley no hubiera dicho: NO CODICIARAS.
Los humanos tendemos a acostumbrarnos a nuestra condición. Yo he tenido la oportunidad de visitar muchas comunidades muy marginadas en mi país y para sorpresa mía, me he encontrado con muchos que no desean vivir diferente. No es hasta que esa gente sale y conoce “otro mundo”, que desean prosperar. Sin la Ley, no veríamos necesidad de cambio; no veríamos el ideal de Dios para nosotros, ni tampoco el mal que está en nosotros. La Ley nos muestra una realidad mejor, a la vez que nos señala todas nuestras deficiencias.

3. Para llevarnos a Cristo

Gálatas 3:24
De manera que la Ley ha sido nuestro guía para llevarnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe. 25 Pero ahora que ha venido la fe, ya no estamos bajo un guía, 26 porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.
Cristo vino a esta tierra porque lo necesitábamos, porque somos incapaces de vivir como Dios quiere. La Ley nos muestra nuestra incapacidad (es interesente que aquellos que dicen guardarla, violan los preceptos más importantes como el amor y la misericordia).
La Ley es el diagnóstico. El diagnóstico es muy importante, porque sin él, no nos daríamos cuenta de la gravedad de nuestra enfermedad. Pero un buen diagnóstico sin medicina sólo haría las cosas peor.
La enfermedad se llama pecado; la medicina se llama Cristo. El nos libra de la paga del pecado con Su muerte; del poder del pecado con Su Sangre y de la presencia del pecado con Su propia Presencia.

¿Por qué existen muchos que viven temiendo ser castigados
por Dios?

Porque no han recibido esta verdad: Jesús fue castigado en nuestro lugar, por todos nuestros pecados: pasados, presentes y futuros.

¿Por qué muchos viven vidas muy religiosas, de gran abstinencia y muchas reglas?
Porque esperan así librarse del pecado. Hacer semejante cosa es como tratar de domesticar a una serpiente venenosa. Es cuestión de tiempo para que algo malo pase. A veces los peores escándalos ocurren entre la gente más religiosa y a veces es esa gente la más inhumana e inmisericorde.

Para librarse del pecado no hay cosa mejor que ser amigos de Jesús y, en la honestidad total, contarle a El todas nuestras luchas.

¿Por qué muchos tienen hábitos horribles que no pueden dejar y los mantienen en un sentido permanente de indignidad?
Porque no saben el poder de la Sangre de Jesús. Esa Sangre nos hace valiosos, porque representa el precio que Dios estuvo dispuesto a pagar por nosotros. Esa Sangre nos hace libres, porque nos da la autoridad de reprender a nuestro verdadero enemigo: el demonio.


¿Cómo ser hijos de Dios?
¿Verdaderos hijos de Dios?

Lee el siguiente versículo:


Juan 1:12 Mas a todos los que lo recibieron,
    a quienes creen en su nombre,
    les dio potestad de ser hechos hijos de Dios


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