¿Quién es
realmente Jesús?


Jesús de Nazaret
dividió la historia (por lo menos desde el punto de vista occidental) en dos: a.C. y d.C. A lo largo de los siglos él ha sido motivo de inspiración para un sin número de libros, cantos, expresiones artísticas de todo tipo y últimamente, películas. Muchos sen han dividido por causa de él, pero muchos que tenían diferencias irreconciliables se han unido gracias a él. Lo más importante es que millones le han alabado por el cambio que él ha hecho en sus vidas.

Jesús no es un personaje que se puede pasar por alto. Merece ser investigado; es imprescindible tener una postura en cuanto a su persona. Hay quienes lo ridiculizan, otros usan su nombre para promover sus propias ideas, pero muchos dicen haber hallado en él la solución.

La identidad de Jesús genera diferentes opiniones. Yo pienso que lo más justo es que veamos qué dijo Jesús mismo sobre su persona.
Afortunadamente contamos con relatos escritos en el siglo I que citan directamente las palabras de Jesús: los Evangelios. Las cuatro biografías que tenemos de él son las escritas por: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Mateo y Juan fueron discípulos de Jesús (Juan el más cercano de los 12); Marcos escribió bajo la tutela de Pedro y Lucas, un médico y amigo de Pablo, relató el resultado de su investigación, habiendo entrevistado a las fuentes directas.

QUIEN ES JESÚS: DICHO POR JESÚS.

Las palabras de Jesús en cuanto a sí mismo pueden agruparse dentro de los cuatro títulos usados con mayor frecuencia para él. Los cuatro títulos son: “el Hijo del hombre”, “el Cristo”, “el Señor” y “el Hijo de Dios”.
Jesús el “Hijo del hombre”.
Jesús dijo:
“… es necesario que el Hijo del hombre sea levantado (crucificado), para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:14-15).

Sencillamente Jesús nos está diciendo que es un hombre; un hombre cuya misión sería morir a favor de los demás.
Lo importante es entender la razón de este título. A la luz de los otros tres, éste es una aclaración. Jesús no está diciendo que es sólo un hombre común, sino que su misión iba a ser realizada como hombre.Jesús “el Cristo”
La palabra “Cristo” en el Nuevo Testamento y “Mesías” en el Antiguo, significan lo mismo: El “Ungido” ó Elegido. Las Escrituras del Antiguo Testamento continuamente señalaban hacia la venida de uno que establecería un gobierno justo en la tierra y traería verdadera paz. Esto sería posible ya que este Justo quitaría la barrera entre Dios y nosotros al ser herido por nuestras rebeliones y molido por nuestros pecados (Isaías 53). Este ungido haría lo que ningún hombre había podido hacer jamás: llevarnos a Dios.
Jesús dijo ser el Mesías.
En su famosa conversación con la mujer samaritana narrada en el evangelio de Juan, ésta dijo:
“Se que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo…” (4:25)
A lo que Jesús respondió:
“Yo soy, el que habla contigo”. (26)
Jesús también dijo ser:
El Camino (14:6)
La Verdad (“)
La Vida (“)
La Resurrección (11:25)
La Luz del mundo (8:12)
El Pan de Vida (6:35)
El Buen Pastor (10:11)
La Puerta de las Ovejas (10:7)
Jesús “el Señor”.
La palabra griega es “kurios”. Significa dueño de algo o alguien, sobre quien tiene poder de decisión; amo.
Jesús dijo ser el Señor:
“Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy” (Juan 13:13).

Jesús el “Hijo de Dios”.
Fue este título el que enfureció a los líderes religiosos de su época y constituyó el pretexto para sentenciarlo a muerte (Mateo26:63-66). En el contexto judío, el título “El Hijo de Dios”, significa ser igual a Dios (Juan 5:18). Esta expresión declara a Jesús, divino.
Jesús habló de Su preexistencia, así como de Su relación con el Padre antes de que el mundo existiera:
“Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”. (Juan 8:58)
“Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo existiera”. (Juan 17:5)

Jesús se atribuyó a Sí mismo facultades exclusivas de Dios, como dar vida y juzgar:
“Como el Padre levanta a los muertos y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida, porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre, que lo envió”. (Juan 5:21-23)
Semejantes declaraciones no pueden venir sólo de un gran maestro o un gran hombre. Pregúntate: Seguirías tú a alguien que dijera eso de sí mismo.
Josh Mac Dowell dice:
“Las declaraciones que la Biblia hace sobre Jesucristo – y que El hace sobre Sí mismo – no nos permiten considerarlo tan solo como un ejemplo o un maestro, ni siquiera un profeta. Estas declaraciones sólo pueden ser tomadas de dos maneras: Jesús es quien dijo ser y nuestra vida ha de caer rendida a Sus pies o Jesús es un loco a quien no vale la pena ni siquiera citar: Sus declaraciones no dejan lugar para otra cosa”.En la vida de Jesús se conjugan una serie de factores que lo hacen totalmente único: nació de una virgen, vivió una vida perfecta moralmente, murió en nuestro lugar, fue castigado por nosotros y resucitó corporalmente al tercer día. Tenemos que decidir: Jesús es Dios hecho hombre y por lo tanto el único camino, la única verdad y la única solución, o un loco al que no hay que tomar en cuenta para nada.

¿Cómo saber que lo que Jesús dijo es verdad?

La veracidad o no de las declaraciones de Cristo se basa en un factor: la resurrección. En palabras de Pablo:
“Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación y vana es también vuestra fe.” (1Cor.15:14)
Existen por lo menos tres evidencias poderosas de la resurrección de Jesucristo:

1. La evidencia histórica
En primer lugar, se puede comprobar la existencia de todos los lugares y personajes a los que la Biblia hace referencia, en cuanto a los eventos de la resurrección del Señor. Uno puede visitar Jerusalén, el Gólgota y la tumba. Uno puede ver registros de la existencia de Pilato y Herodes; uno puede comprobar que los métodos de juicio, castigo, muerte y sepelio mencionados en la Biblia, eran así.
Y uno puede revisar los escritos de historiadores no bíblicos ni cristianos, reconocidos en aquella época y ellos harán mención de la resurrección de Jesucristo como un evento importante en la época, la más grande muestra es el historiador judío Josefo, quien, en el siglo primero, escribió:
“Existió por aquel tiempo un hombre sabio, Jesús, si es que es lícito llamarlo un hombre, pues fue un hacedor de maravillas, un maestro de la clase de la que los hombres reciben la verdad con placer. El conquistó para su bando a muchos judíos, y también a muchos de los griegos. Este hombre era el Cristo. Y cuando Pilato le hubo condenado a la cruz, a causa de la acusación pública de los hombres principales entre nosotros, los que le habían amado desde el principio no le olvidaron pues se apareció vivo a ellos al tercer día” (Antigüedades 18.3.3).

2. La evidencia testimonial pasada

Ver a Cristo resucitado no fue la experiencia de un “iluminado” en estado de trance: fue la experiencia de varias personas en distintos contextos. La gran mayoría de estas personas no estaban esperando verlo y algunas, como Tomás, dudaban. La gran mayoría de las veces, Jesús apareció a grupos, no individuos, y a veces estos grupos eran grandes – hasta 500 personas a la vez. Estas personas podían convivir con El y tocarle.
Que estas personas se hallan puesto de acuerdo para promover una mentira es poco probable, ya que no tenían ninguna ganancia de ello; al contrario, la gran mayoría fueron muertos junto con su familia y algunos torturados por decir que Jesús resucitó.

3. La evidencia testimonial presente
Además de los muchos testimonios actuales de experiencias con el Cristo resucitado (sobre todo en contextos donde existe mucha oposición al Evangelio), millones de personas de diversas naciones y lenguas, testifican el cambio que Cristo ha hecho en sus vidas.
A lo largo de la historia ha habido famosas historias de críticos que, al investigar los hechos para tener argumentos en contra del cristianismo, se han convertido en sus más fervientes defensores.
Los ejemplos van desde Saulo de Tarso en el siglo l, hasta Lew Wallace o Giovanni Papini en nuestra era. Lew Wallace quería escribir una obra que presentara a Jesús como mero hombre; al estudiar los hechos se convenció que El era divino. De allí surgió Ben-Hur.
Giovanni Papini era uno de los más destacados hombres de letras en Italia. El era un declarado ateo y enemigo del cristianismo hasta su encuentro con Cristo en los años 20´s.



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