LOS CONFLICTOS INTERNOS
Y COMO
RESOLVERLOS

Si somos sinceros, la gran mayoría de los seres humanos tenemos conflictos internos (algunos con poca frecuencia y otros constantemente). Un hombre dijo una vez: “la persona con la que más conflictos he tenido, soy yo mismo”. ¡Este hombre era honesto! Muchos no lo son y culpan a otros mientras rompen relaciones importantes, lastiman a los demás y viven tratando constantemente de escapar de su atormentado mundo interior.

En esta era de adelantos científicos, de modernidad, de acceso total a la información, de placeres y pasatiempos sin precedente; las enfermedades mentales, los conflictos internos y los males del corazón están en boga y los que pretenden curarlos también.


La falta de inspiración, paz, gozo y claridad ha dado lugar a la proliferación de siquiatras y sicólogos, síquicos y toda clase de doctores y doctoras del “corazón”. Unos usan fármacos, otros teorías del comportamiento, otros sus poderes “sobre naturales” y otros su bien intencionada (no siempre) lógica. Todos se presentan como una alternativa que ayuda a las personas a entender y solucionar, o por lo menos minimizar u olvidar los conflictos que llevan dentro.
Existe una gran falta en la mayoría de los profesionales y aficionados a solucionar los problemas del alma: no toman en cuenta al Fabricante ni el Manual que nos dejó, es decir, Dios y Su Palabra: la Biblia.

Quisiera compartir contigo cuatro cosas que enseña la Biblia. Son cuatro principios que ponen el fundamento para una verdadera transformación de vida:

1. Tu eres el resultado directo de la amorosa, perfecta y única obra
creadora de
Dios.

“Tú formaste mis entrañas, tú me tejiste en el seno de mi madre. Te alabaré por el maravilloso modo en que me hiciste. ¡Admirables son tus obras! Del todo conoces mi alma.”
Salmo 139: 13-14 (V. Nácar Colunga).

El escritor de estas palabras es David, quien vivió seis siglos antes de Cristo. La vida de David tuvo motivos de sobra para haber hecho de él una persona triste, depresiva, con una muerte prematura. Sin embargo, se le conocía como el “dulce cantor”. Llegó a ser un hombre alegre, fácil para arrepentirse, y también para perdonar; con una fe inquebrantable. Fue rey, el mejor en los 500 años que duró la monarquía judía; pero además fue el escritor de los Salmos: oraciones y cánticos que a través de la historia, han inspirado y ayudado a un sin número de personas a lidiar con la desesperanza y la confusión que las circunstancias de la vida pueden traer.

¿De dónde sacan personas como David la fuerza para sobreponerse a cosas como la muerte prematura de un hijo y la sublevación de otro? ¿Cómo superan un grave tropiezo moral como el adulterio y la traición? ¿Cómo vencen sus temores? ¿Cómo logran sostenerse en la cima? ¿Cómo pueden usar todos los tropiezos y fracasos para generar algo tan bello e inspirador como los Salmos?

La respuesta está en las palabras que hemos citado. David sabía que Dios lo creó, que Dios lo amaba, que era el diseño de Su perfecta mano; que era grato para Dios y que Éste tenía grandes planes para el. Más adelante en el salmo citado anteriormente, usa palabras como “modelar” y “bordar” para describir como Dios lo formó. Estas palabras expresan planeación, cuidado y amor del Creador.

2500 años antes del descubrimiento del ADN, David menciona un libro en el cual “estaban escritas las cosas que iban a ser luego formadas”. (¡Ahora sabemos que la información genética contenida en el ADN de una persona es equivalente a la contenida en un gran libro!).

Esta es una concepción muy elevada de nuestro origen. Nos presenta como criaturas planeadas, amorosamente formadas; no el resultado de eventos circunstanciales ni una producción en serie. Criaturas con un propósito y un destino. Criaturas profundamente amadas y deseadas por su Creador.... Esta concepción es la más noble, la más humana, pero a la vez divina y sobre todo la correcta. Es la única concepción que puede sacar lo mejor de nosotros mismos.

El origen de nuestros conflictos (internos) está en que olvidamos (o decidimos no creer) que somos una obra maestra de Dios, hechos con amor, cuidado y con un propósito específico.

 

2. Dios te hizo con un Propósito especial, por eso te dió una
motivación
especial.

Los científicos han logrado descifrar el libro que contiene la información del cuerpo (ADN); pero nadie ha encontrado el libro que contiene la información de la personalidad. Solo se sabe que ésta está formada por ingredientes como el temperamento, la inteligencia, la manera de aprender, la manera de recordar, la manera de procesar la información, la manera de concentrarse, etc. Existen varias clasificaciones de la personalidad, pero todas son bastante incompletas. ¡Lo que si sabemos es que, en cuerpo y alma, cada persona es inigualable e irrepetible!

La Biblia hace referencia a algo más profundo que la personalidad: la motivación interna. Según el apóstol San Pablo, Dios nos ha dado diversas motivaciones (llamadas operaciones en 1Corintios 12:6). Esto significa que cuando Dios nos concibe, El diseña nuestro cuerpo y alma, pero pone también dentro de nosotros una motivación específica. Esta motivación da un sentido de dirección a nuestra vida; al ir nosotros creciendo se va transformando en sueños que deseamos alcanzar. ¡Somos únicos en cuerpo, en alma y en motivación! La Biblia habla de siete motivaciones básicas, llamadas “dones” (Romanos 12:6-8):

Motivación profética:
Estás personas tienen un fuerte deseo de cambio; utilizan palabras como: significado, cambio, ideal; su énfasis está en lo correcto; les gusta ir al fondo, no se limitan con la forma. Son revolucionarios, críticos, idealistas, de opiniones fuertes, rompen paradigmas o sencillamente son inconformes. Algunos llegan a ser analistas, críticos, escritores, compositores, líderes de movimientos. Tienden a ser perfeccionistas, intolerantes, de palabras punzantes.

Motivación de servicio:
Los servidores se enfocan en hacer, ayudar, colaborar. Tienen un fuerte deseo de contribuir. Tienen habilidades con las manos, inteligencia espacial. Les gusta trabajar con cosas. Fácilmente detectan necesidades prácticas, son meticulosos, hospitalarios, les cuesta decir que no, tienen mucha energía, prefieren metas a corto plazo. Los podemos ver ayudando en campos muy diversos.

Motivación de enseñanza:
A ellos les gusta investigar, saber, entender, explicar. Tienen un fuerte deseo de conocer e impartir el conocimiento. Son lógicos, sistemáticos, objetivos, fundamentados. Su énfasis está en lo cierto. Normalmente son maestros, académicos, instructores, entrenadores, investigadores.

Motivación de exhortación:
Estas personas están enfocadas en lograr, alcanzar, vencer y motivar a otros a hacerlo. Son líderes natos, consiguen que las personas hagan cosas. Son muy prácticos, buenos comunicadores, muy positivos, siempre optimistas. Tienen un fuerte deseo de alcanzar el éxito. Los vemos como empresarios, líderes, atletas, oradores.

Motivación de dar:
Los dadores manejan bien sus finanzas; tienen facilidad para generar utilidades. No les gusta malgastar. Cuando una necesidad es genuina son muy liberales y generalmente prefieren mantenerse en el anonimato. Tienen un fuerte deseo de tener y dar lo que vale la pena.

Motivación de presidir o gobernar:
a estas personas les identifican palabras como: organizar, planear, responsabilidad. Disfrutan de proyectos a largo plazo. Son persistentes, tenaces, buenos supervisores. Comunican bien sus ideas. Son exigentes. Tienen un fuerte deseo de orden y armonía.

Motivación de hacer misericordia:
Estas son las personas enfocadas en el amor, en las relaciones, en la paz. Son gente sensible (a veces hipersensible), cariñosa, comprensiva, influenciable. No pueden soportar el dolor que ven en otros. Son sentimentales, considerados y pacificadores. Tienen un fuerte deseo de ver (y tener) corazones sanos.

Esta no es una descripción exhaustiva y tal vez sea inexacta, pero nos ayuda a ver las diferencias en motivación. ¿Te puedes identificar con alguna o varias de estas motivaciones?
Ahora viene el tercer principio, el cual es muy importante:

 

3. Nuestra lejanía del amoroso Creador, ha provocado que estas
motivaciones (dones) se sofoquen o se mezclen, resultando así en frustración.

 

En combinación con la personalidad, los dones motivacionales nos ayudan a formar un proyecto de vida. Sin embargo, cuando Dios no está íntimamente involucrado en la vida de alguna persona, estas motivaciones pueden sofocarse o mezclarse; esto afectará negativamente sus decisiones y expectativas.

Motivaciones sofocadas:
Esto sucede cuando la persona permite que las circunstancias adversas de la vida apaguen los sueños que su motivación provoca. La persona se torna resignada y apática o tal vez antagónica, escéptica y sarcástica. El que soñaba cambiar al mundo, ahora se dedica a criticarlo; el que quería ayudar a otros o lograr esto o aquello pierde su ánimo para trabajar...
Una persona con su motivación sofocada ya no vive la vida en base a sueños, sino en base a temores y/o pasiones.
Trabaja por el temor de quedarse sin dinero, se desenvuelve por el temor de quedarse sola o sencillamente se olvida del mañana y vive disipadamente cada día.

Motivaciones mezcladas:
Los dones motivacionales son puros en naturaleza, porque vienen de Dios. A veces estos dones se pueden mezclar con lo que la Biblia llama malos deseos, perdiendo entonces su pureza. Los malos deseos como el orgullo, la vanidad, la envidia, la lujuria y la codicia no hacen que la persona deje de soñar, pero sus sueños se vuelven egoístas: el médico que trabaja por dinero, el empresario que descuida su familia, el mafioso, la persona adúltera, etc.
Una persona con motivaciones mezcladas cae en un frenesí de logros, conquistas, metas, trabajo, adquisiciones y otras cosas que nunca le satisfacen por completo.
La persona confunde sus sueños con Dios. Piensa que éstos le darán lo que solo Dios puede dar: seguridad, reposo, sentido de importancia... amor.
Aquí es donde entra la frustración: sentimos que trabajamos mucho y logramos poco; o logramos mucho y poco nos satisface.

Este es el punto en el que se requiere de honestidad: muchos están frustrados pero no lo reconocen o ya se acostumbraron y dicen: "así es la vida". Efectivamente, así es la vida inventada por el hombre, pero no la vida que, en Su gracia, Jesús vino a darnos : una vida abundante, con el diseño de lo eterno; la calidad de vida de Dios.

 

4. La frustración puede ser muy buena, ya que nos da la oportunidad del cambio que nos conduce a nuestro destino.

La frustración es un terrible pero necesario sentimiento. Terrible porque nos lleva a un estado tal de desesperación, incomodidad, hasta sentirnos miserables. Necesario porque nos abre a algo que de otra manera no anhelaríamos y ni siquiera buscaríamos: el cambio. ¡Dios tiene tanto para nosotros! Una vida llena de propósito, trascendencia, bendición.

He visto que nunca podemos enseñar nada a otros, si primero no están listos para aprenderlo. Esta es tal vez la razón por la que Dios se “tarda” en venir a nuestro auxilio; se tarda hasta que estemos lo suficientemente dispuestos a hacer los cambios que El quiere. Cuando encuentra en nosotros esa disposición, entonces nuestro amoroso Dios nos conduce directo a una vida que ni hubiéramos soñado, nos conduce a nuestro destino.
Infortunadamente, muchos nunca están dispuestos a aprender; las circunstancias difíciles que Dios permite para que busquen el cambio, sólo los endurecen más. Se enojan con Dios porque no cambia sus circunstancias, cuando lo que él está tratando de cambiar es ¡a ellos!La frustración puede ser muy buena, por eso yo la llamo: “el llamado a nuestro destino”. A fin de cuentas, por muy cómodos que estemos, la vida no tiene sentido, si no tiene destino.

¿Estás frustrado? O más bien, ¿estás lo suficientemente frustrado como para cambiar?... ¿lo que sea? Entonces estás más cerca de tu destino de lo que crees.

Jesucristo dijo algo sorprendente y tal vez controversial para muchos:

"DICHOSOS USTEDES LOS POBRES, PUES DE USTEDES ES EL REINO DE DIOS”.
"DICHOSOS USTEDES LOS QUE AHORA TIENEN HAMBRE, PUES QUEDARÁN SATISFECHOS”.
"DICHOSOS USTEDES LOS QUE AHORA LLORAN, PUES DESPUÉS REIRÁN”. (Lucas 6:20-21)

Dios te puede llenar de Su gozo... si dejas de buscarlo donde no está. Dios te quiere mostrar su reino... si estás dispuesto a considerar como algo muy pobre el reino de los hombres. Dios te puede saciar... si tu hambre es suficiente.
Desde que Cristo vino a esta tierra, millones de personas que creían no tener esperanza, lastimadas, vacías y confundidas, viven ahora vidas plenas en Dios. ¿La clave? La dijo Jesús:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón; y hallareis descanso para vuestras almas.” (Mateo 11:28-29)

Aprender de Jesús, esa es la clave.Hay un libro en la Biblia que presenta a Jesús de una manera muy personal. Ese libro fue escrito por Su amigo más cercano. El Evangelio de Juan se caracteriza por su sencillez y profundidad. Es el libro que nos relata las conversaciones privadas de Jesús. En este libro Jesús, el autor de la vida, nos revela la vida: el plan que Dios tiene para nosotros. Asimismo nos muestra al Padre, nos explica el engaño del sistema de este mundo, nos revela la importancia de Su muerte, nos presenta al Espíritu Santo, lo vemos en la gloria de Su resurrección; nos llena de fe.

Derechos reservados © Centro Cristiano Plenitud. Puebla, México 2013